domingo, 30 de octubre de 2016

El desmantelamiento del PSOE por el PSOE


Se sabe, de sobra, que la mejor forma de destruir una organización se ejecuta mejor desde dentro y por los mismos miembros de dicha organización. Evidentemente, la mejor persona que puede acabar con una organización es aquella que la conoce y que siente que su obra ha sido profanada. Si nuestra observación fuera correcta, el socialista que está mejor posicionado para liquidar el PSOE sería, sin lugar a dudas, Felipe González. No creo que estuviera conforme con el socialismo del Presidente Zapatero ni de Pedro Sánchez ni siquiera de Josep Borrell que había estado en su entorno. Si por Felipe González fuera, su legado socialista hubiera sido mejor gestionado por Almunia o Rubalcaba, personajes intelectualmente muy valiosos pero sin carisma. Yo diría que Borrell era demasiado brillante para González; Zapatero era demasiado izquierdista para el gusto de González, y Sánchez era un  donnadie (un joven sin batallas que contar porque no luchó contra el franquismo). Si estoy en un error, disculpad de antemano: no quisiera ofender a nadie.
No creo que sea un sacrilegio afirmar que González y Cebrián están unidos por proyectos empresariales. Es una obviedad que a un lector de izquierdas le abruman los editoriales de El País que, desde la época del gobierno del Presidente Zapatero, no ha cesado de virar hacia la derecha mientras mermaban sus ganancias económicas. De todo el tinglado montado, posiblemente la Cadena Ser sea el único medio que puede ser considerado editorialmente de izquierdas pero tiene los días contados. Fulminado Iñaki Gabilondo en condiciones extrañas, no se esperó para parar los pies a Gemma Nierga, colocando a su lugar a un Carles Francino que, habiendo visto las orejas del lobo, ha suavizado su discurso y acepta amablemente ser un buen locutor de radio. Si estoy en un error, disculpad de antemano: no quisiera ofender a nadie.
Francamente, creo que La Razón vehicula mejor la ideología conservadora y lo hace sin complejos. De modo que prefiero La Razón antes que El País para enterarme de “la cosa nostra”. Francamente prefiero votar al Presidente Rajoy porque sencillamente sé que es derecha y gobernará sin complejos; Susana Díaz, aunque promocionara la programación de Intereconomía, no llegará a ser una buena conservadora, y mucho menos socialista en el sentido que yo lo entiendo, que probablemente es el sentido más mediocre. Tan mediocre soy que no he llegado a entender la diferencia entre “votar sí” y “votar abstención”. ¿Acaso el resultado no es el mismo? ¿Acaso si un votante socialista hubiera querido votar las políticas de derecha, no habría votado directamente a Rajoy? Propongo, pues, a los votantes socialistas, abstenerse en las próximas elecciones. Y de paso, sumarse a la destrucción de su partido desde dentro. Total, para lo que nos queda en el convento…

martes, 4 de octubre de 2016

Aprendiendo con los niños de la Escuela Bilingüe Piagap Ngaladjue de Tenkwe (Haut-Nkam, Camerún).


 

Era un viernes 23 de septiembre de 2016. Había viajado toda la noche desde Ebolowa hacía el Camerún occidental, en la zona de Bamileke. En un coche-taxi de cinco plazas estábamos ocho personas. El coche se arrancaba sin llaves. Pero aguantaba lo que parecía una carretera que subía hasta la cima de la colina donde estaba la escuela de mi amiga. En el camino de subida nos pilló la lluvia. El famoso coche-taxi de la época colonial no tenía ventanas. Menos mal que la elevada temperatura compensó la inundación dentro del coche.

El coche no tardó en atascarse en el barro. Salimos del coche mientras el chófer maldecía todo lo viviente. Todas las mujeres me miraban a mí preguntándose qué esperaba yo para empujar el coche. Aconsejé al chófer dar marcha atrás y coger velocidad para pasar rápidamente por el barro. Finalmente logró pasar pero cuando llegamos a menos de tres kilómetros de la escuela, el coche se llenó de humo. Una niña de unos 6 años que lideraba un grupo de unos 10 chicos nos vio, corrió hacia la casa de un vecino y trajo agua para echar en el coche. Hizo el viaje varias veces a una velocidad de la desaparecida “Concorde”. Quise darle algo de dinero para comprar caramelos pero amablemente lo rechazó. El chófer habló con ella en la lengua local pero la niña no quiso. Y me explicó que los niños bamileke están educados para ayudar a todo el mundo pero jamás aceptar nada de un desconocido. Casi se me saltan las lágrimas. Niños con ropa rota, bajo la lluvia, ayudando a unos desconocidos y yo con mi Smartphone sacando foto. Sentí indignación de mi misma, rabia por las injusticias sociales e impotencia.

Finalmente llegamos a la escuela. ECOLE BILINGUE PIAGAP NGALADJUE DE TENKWE (HAUT-NKAM). Los niños nos esperaban a mi y a mi amiga fundadora de la escuela. Nos recibieron con un ramo de flores y canciones. Me acordé mis años de estudiante en la Zona de los Grandes Lagos y del año que estuve de maestro de primaria antes de la guerra. Pasó por mi cabeza el año que estuve de profesor de secundaria en Ciudad Real. La fecha 23 de septiembre 2016 escrita en la pizarra me conectó con los Premios afrosocialistas que se estaban dando en Madrid. Pero estaba donde tenía que estar, aprendiendo con los niños bamileke, en una escuela sin luz, sin ventanas, sin agua y sin baños.

El jefe de la localidad se acercó para hablar con mi amiga. No hace falta contar sus deseos. Y no hace falta manifestar mi impotencia para ayudar a estas criaturas que sin apenas medios hablan en su lengua tribal, en francés y en inglés. Siempre sonriendo. Siempre atentos y disciplinados. Y ahora me pregunto para qué ha servido mi visita si no puedo ayudarlos como me gustaría. Ahora me pregunto si alguien leerá este testimonio y se sentirá unido a los niños bamileke que, el 23 de septiembre 2016 me despidieron con una amplia sonrisa.

sábado, 6 de agosto de 2016

Mi mundo

Quisiera ver el mundo a través de tus ojos
Y al amparo de tus besos entregarte mi amor:
Si fracaso, adelanto mi marcha.

Pude prometerte lo imposible
Porque el sendero de nuestros sueños
Estaba minado.

Pude ahogarte en mis lágrimas
Porque mi corazón estaba confundido,
Pero daño no te hice, porque siempre te quise.

Pude esconderte mis sentimientos
Pero mi corazón fue desbordado:
Tarde te descubrí, mas no puedo esperar.

Sabes, he vuelto al templo de mis antepasados
Para deshacer las promesas de mi niñez.
Consejo no pedí, tampoco bendición:
Los amores prohibidos maduran a destiempo.


Yo no puedo renunciar al lugar de mis sueños
Ya no puedo prometer las medallas
Si me falla el corazón
Yo no puedo vivir si me falta tu aliento.


Déjame ser el guardián de tus sueños
Y tu despertador mañanero:
Si fracaso, adelanto mi marcha.


ã Ayurugali

domingo, 12 de junio de 2016

No más Venezuela en la campaña electoral


Votar otra vez en poco más de seis meses no me entusiasma en absoluto. Me da la sensación de que si nuestros actuales políticos no consiguen lo que quieren, nos utilizan para conseguirlo. Se les llenan la boca hablando de la patria, pero se niegan a pactar por el bien de la patria. Ante la incapacidad de proponer algo útil para España, prefieren hablar de Venezuela. Aprueban lo que ellos mismos llaman “Ley mordaza” pero critican las leyes del presidente Maduro. Incluso se quejan de que el gobierno de Venezuela nos les deja entrar en una cárcel para visitar a ciertos presos. ¿Alguien se imagina un político venezolano visitando a un preso en Alcalá Meco? La sombra del colonialismo es demasiado alargada. El gobierno español encierra a los inmigrantes en el CIE de Aluche (Madrid) por “faltas administrativas” mientras acusa al presidente Maduro de violar los derechos humanos. Apuesto a que el ciudadano Rivera que se interesa tanto por los presos venezolanos no sabe que la policía español encierra a los inmigrantes en los CIE sin orden judicial, y los deportan como si fueran terroristas. Bueno, los terroristas viajan mejor y viven mejor que los llamados “internos” en los CIE. Un terrorista tiene nombre y apellido; a un interno del CIE se le llaman por un número, y eso que estamos en la España de los derechos humanos, no en la Venezuela de Maduro.

sábado, 26 de marzo de 2016

¿Cómo acompañar a una persona que acaba de perder la fe en alguien o en algo? El ejemplo de los discípulos de Emaús

imagen de google.es

En el evangelio de San Lucas (Lc 24, 13-35) encontramos una historia de dos discípulos que se marchan de Jerusalén a Emaús, tristes y decepcionados por lo que habían vivido durante la pasión y la muerte de Jesús en la ciudad santa. Meses antes habían dejado todo para seguirle pensando que él atraería la salvación al pueblo de Israel. Esperaban ansiosamente su resurrección, pero ya iban tres días y solo podían confirmar que su cuerpo había desaparecido. Creyendo que todo se había acabado, decidieron volver a sus hogares para olvidarse del mayor fiasco de su vida. En el camino de vuelta a su casa, misteriosamente se les unió un forastero que iba conversando con ellos acerca de lo que los profetas escribieron sobre ese mesías crucificado. Cuando llegaron a su destino, los dos discípulos le rogaron hospedarse en su casa porque ya era de noche. El forastero se quedó con ellos y en el momento de la cena les reveló su identidad y desapareció ante su asombro. Aunque ya era de noche, los dos discípulos se levantaron de la mesa y volvieron a Jerusalén para anunciar lo que acababan de experimentar.

 

La historia de los discípulos de Emaús es una historia pedagógica que intenta responder a la pregunta de cómo acompañar a una persona que acaba de perder la fe en alguien o en algo. Los discípulos de Emaús, después de asistir a la muerte de Jesús su Salvador y no ser testigos de su triunfante resurrección se marchan de Jerusalén. Se sienten desengañados, decepcionados, frustrados, quemados. Por eso aparece Jesús para consolarlos, animarlos y enviarlos a la misión. Veamos el procedimiento pedagógico que san Lucas utiliza para enseñarnos cómo aconsejar y acompañar alguien que acaba de perder el gusto por la vida.

 

Primer paso: caminar (Lc 24,13-16): los discípulos iban caminando y Jesús se puso a caminar con ellos. Está claro que no hay posibilidad de superar un estado sin ponerse a andar. Si no te pones a caminar nadie se une a tu camino porque las batallas perdidas no son atractivas para nadie. Cuando uno se pone a caminar, tarde o temprano encuentra el camino. O al menos se cruza con alguien que amablemente le ayuda a encontrar el camino. Lo que nadie puede pretender es encontrar el camino sin moverse de sitio. Por lo tanto, es necesario ponernos en camino para que tengamos posibilidad de hallar respuestas a preguntas que nos impiden ver el horizonte con claridad. Los místicos hablarían de la necesidad de tener una experiencia del éxodo como la tuvo el pueblo de Israel en Egipto. Ciertamente, sin una experiencia de éxodo no hay experiencia de liberación; sin la muerte no hay resurrección; sin sacrificio no hay éxito. Si queremos salir de nuestra situación de crisis tenemos que aceptar que el sacrificio forma parte del camino del éxito, y sobre todo tenemos que ser conscientes de que la rendición es el certificado de la caducidad.

 

 

Segundo paso: contar (Lc 24,17-24): Jesús pregunta por la conversación de los discípulos entristecidos. Y los deja hablar y desahogarse porque es el mismo necesitado quien tiene que ir poniendo nombre a sus frustraciones. Como nadie es capaz de adivinar lo que nos está pasando, si no lo contamos nunca lo sabrá ni tendrá la posibilidad de ayudarnos a ordenar nuestras experiencias. Quien necesita ser aconsejado debe contar lo que le está pasando. Lo importante no es la coherencia de sus relatos sino su sinceridad porque no podemos pretender que una persona emocionalmente agitada nos haga un relato impecable. Se trata, más bien, de contar la realidad de sus experiencias sin maquillarla. La tendencia habitual suele ser intentar esconder algunas vivencias que creemos no van a gustar a nuestro interlocutor, pero casi siempre el centro de la gravedad suele estar en lo que tendemos a obviar. Cuando relatamos nuestras vivencias nos damos cuenta que nuestra vida no está hecha solo de fracasos, por mucho que nos empeñemos en centrarnos en nuestros males. Conocer nuestra historia es descubrir sus riquezas y pobrezas, poner de relieve las principales carencias que tenemos y tantear qué tipo de soluciones necesitamos. Contar nuestras vivencias nos ayuda a descubrir lo que podemos ofrecer a los demás y lo que esperamos de ellos. Desahogarse es un paso muy importante que nos ayuda a relajarnos y así poder revisar nuestras historias con una cierta claridad. Por eso quien quiera acompañar a alguien tendrá que escuchar previamente sus fracasos y esperanzas. Sin este paso previo, lo más seguro es que construya su propio castillo en un terreno que no es suyo, condenándose al trabajo inútil y sin esperanza. Hay que dejar a los demás a que hablen de sus cosas, de sus fracasos y esperanzas y a partir de sus reservas vitales trazar un camino de posibles.

 

Tercer paso: concretar (Lc 25, 25-27): vivimos en un mundo aprisado en el que es muy difícil relatar con calma nuestras vivencias. Incluso cuando logramos que alguien nos escuche, aparecen muchas circunstancias que provocan ruido a nuestro alrededor. En esta historia de Emaús, el camino y el atardecer favorecen la escucha activa. Una vez que los discípulos han terminado de contar sus vivencias interviene Jesús para simplificar los hechos para una mejor comprensión. Llamándoles “insensatos” deja muy claro que él sabe de lo que habla. De hecho lo demuestra cuando ofrece las claves para entender lo que ha pasado. Les explica lo que dice la Sagrada Escritura y lo que predijeron los profetas. La confusión de los discípulos es tal que a pesar de las claras explicaciones de Jesús ellos no entienden nada. Pero ya no hay tiempo para que él siga centrando sus experiencias porque están llegando a su destino. A veces cuando el mensaje no llega con claridad, hay que tomar un descanso para volver a reflexionar sobre todo el procedimiento. Por eso Jesús no insiste. No quiere ser un pesado. De hecho se dispone a despedirse de ellos cuando le invitan a hospedarse en su casa porque la noche está cayendo cobre la ciudad.

 

Cuarto paso: comer (Lc 24,28-32): hay que invitar a nuestro acompañante para que se deje sentir uno de entre nosotros, forme parte de nuestro destino y celebre con nosotros nuestros éxitos y fracasos. Si no le invitamos seguirá adelante y perderemos nuestra oportunidad. A veces cuando uno se siente deprimido o desorientado tiende a autoaislarse, se adentra en un callejón sin salidas y vive de la autocompasión en su castillo blindado. No se da cuenta que si sigue cerrando sus puertas, tarde o temprano la gente se cansará de esperar a que les abra y se irá con la música a otras partes. Esta reacción es lógica porque no es el acompañante quien necesita ser acompañado y no tiene por qué perder sus energías en una persona que no pone de su parte. Algunas personas creen que el mundo está en deuda con ellas y esperan todo de todos a cambio de nada. Olvidan que el camino del egoísmo, igual que el camino de la mentira, está condenado al fracaso. Alguien dijo que para todas las generaciones confundidas, el primer criterio es el propio bienestar. Pero si realmente queremos que el bien revierta en nuestro propio destino tenemos que ser generosos con los demás y tener la invitación siempre preparada, incluso para los forasteros. Aunque parezca mentira, la generosidad genera generosidad. Cuando los discípulos de Emaús comparten el pan con Jesús se les abren los ojos y le reconocen. Desaparecen el miedo, la tristeza y las frustraciones. Cuando experimentamos un encuentro creativo se nos abre un abanico de los imposibles y empezamos a consentir los sueños que antaño ahuyentábamos con nuestro pesimismo.

 

Quinto paso: compartir (Lc 24,33-35): curados por la fuerza de Jesús, los discípulos se encuentran en condiciones de volver a Jerusalén y contar lo que les ha sucedido. Es el comienzo de la misión: anunciar la buena noticia. Se les ve ansiosos de llegar a Jerusalén para proclamar que Jesús está vivo. Curiosamente, cuando llega a la ciudad santa, descubren que sus compañeros han tenido también la visita de Jesús. Tanto los que habían abandonado la comunidad como aquellos que se quedaron comparten juntos la buena noticia. No hay rencor entre ellos. Los antiguos desertores son reintegrados otras vez porque han descubierto el motor de sus vidas y se dan cuenta que la crisis crea oportunidad de superación. Ciertamente, el camino de la humanidad es una cadena de solidaridad. Cuando se levantan los caídos reciben la misión de cuidar a los demás. Por eso decimos que el egoísmo resta fuerza al proyecto común y no es nada creativo. Es de bien nacido ser agradecido. Cuando el enfermo recupera fuerzas no se marcha a atender sus asuntos: se dispone para cuidar a quienes están pero que él. El soldado que se recupera de las heridas no se va a emborrachar: limpia su arma y se une a los compañeros en el campo de batalla. Muchas veces se nos olvida que nos debemos a los demás desde que nacemos hasta que morimos. Si rompemos esta cadena de solidaridad nos estaremos condenando al camino solitario y estaremos condenando a nuestros compañeros al fracaso. La alegría o el éxito que no se celebra en comunidad es una desgracia. Por eso los discípulos de Emaús vuelven a Jerusalén para compartir su alegría. Saben que el optimismo infunde optimismo, y que los demás necesitan a veces oír que los sueños se cumplen para poder seguir soñando.

domingo, 6 de marzo de 2016

Realizar un chequeo emocional


Siempre que alguien me pide mi punto de vista sobre una situación bastante compleja le doy un consejo básico: simplificar la situación y evitar entrar en un callejón sin salidas. Pero para poder llevar a cabo estos dos consejos es necesario realizar, muy a menudo, un chequeo emocional.

Estoy convencido de que las situaciones simples se analizan mejor. Sostengo que el callejón sin salida suele ser el final del camino. Por eso saber que no estás atrapado en un túnel te garantiza una cierta libertad para actuar con márgenes de error sin perder la pista de salida. Y si cuentas con la complicidad de la simplicidad de los hechos, el optimismo y la esperanza se convierten en la mejor garantía para conseguir tus metas.

Es verdad que la mayoría de las veces uno no se da cuenta del rumbo que está tomando su sendero, sobre todo si no se para a pensar. Pero hay un truco para cortar por lo sano: si tu forma de pensar y de sentir no hace más que traerte disgustos, no necesitas ninguna iluminación para saber que tienes que emprender una nueva forma de pensar y de sentir. En cualquier caso, es aconsejable realizar un chequeo emocional de vez en cuando para ver si la velocidad que se ha alcanzado es la adecuada a sus fuerzas, al entorno y a las circunstancias. Puede ser la meditación o el yoga; puede ayudar una relajación consciente o la confesión sincera con un amigo.

Realizar un chequeo emocional no resulta fácil porque en un mundo maquinizado son pocos quienes tienen tiempo para estar a solas consigo mismo. En cambio son bastante quienes se levantan temprano, desayunan con prisa para no llegar tarde al trabajo. La costumbre no les impide estresarse con sus habituales tareas profesionales. Comen a toda velocidad para poder seguir trabajando. Cuando llega el cierre, las puertas de la empresa se convierten en la salida hacia un mundo feliz y deseado: un par de llamadas a los amigos, si hay suerte, una copa con ellos, pero siempre con la mirada puesta en el reloj. En su casa, los únicos actos conscientes son escasos. Lo normal es encender el televisor, asearse mientras se prepara la cena, cenar de prisa para no llegar tarde a la cita con el sueño porque mañana será un nuevo día. O más bien otro día más.

Somos muchos quienes nos vemos atrapados por la cotidianeidad, aunque seamos conscientes de que la monotonía no es aconsejable porque, como se suele decir, las carreteras más peligrosas son aquellas que no tienen curvas. No es lo mismo conducir por una carretera recta en una llanura manchega que subir un puerto de montañas con muchas curvas. Una carretera con curvas, igual que una situación crítica, exigen nuestra máxima atención. En cambio, una carretera recta, igual que una situación de aparente normalidad, invitan a bajar la guardia porque no hay peligro a la vista. Es cierto que nadie puede vivir constantemente en la liminalidad porque con el tiempo se minan sus fuerzas, pero hay que estar preparado para bordear la frontera sin caer en los surcos.

domingo, 21 de febrero de 2016

El secreto de la resistencia


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Los interrogantes que asaltan a quienes se hacen preguntas profundas o reflexionan sobre principios vitales se resumen en cómo lograr estabilidad personal y social en un mundo desequilibrado por fuerzas adversas. Caminar como si todo fuera normal es un consuelo que no puede durar mucho tiempo. Por eso hay que aprovechar ese optimismo temporal para reorganizar el viaje existencial, convencerse de que solo quien resiste tiene posibilidad de durar más en la conflictividad vital. Todos aquellos que en algún momento de su vida han sabido acompañar a personas cansadas, decepcionadas y hondamente tristes saben que el secreto del éxito está en la resistencia.

Vivir nunca es fácil para nadie. Tratamos de alcanzar los horizontes soñados, incluso en las más adversas condiciones. Vivir es mantener despierta nuestra actividad, luchar continuamente contra las caídas y los estancamientos vitales, convertir las amenazas en oportunidad, aprovechar las fuerzas que a veces están en contra de nuestra marcha y tomar partido en la estabilidad de nuestra vida. Probablemente haya que pactar con el autodominio, la persistencia y la capacidad de motivarse uno mismo. De esta forma nos mantendremos en la realidad sin perdernos. Incluso nos atrevemos a desaviar lo impensable o a vivir en el interior de las turbulencias sin temor a lo imprevisible.

Sabemos que la complejidad de la vida nos sitúa en la pista de lo temporal, donde el gusto por la vida necesita, muchas veces, ser estimulado. Por eso al principio del camino es contraproducente toda búsqueda de soluciones totales y definitivas, pues constantemente estamos llamados a explorar pistas nuevas y provisionales, a mantener desplegadas nuestras antenas vitales. La hipótesis de que la guerra se gana por batallas parece incuestionable. Si el viento no sopla a nuestro favor, lo primero que deberíamos hacer es buscar soluciones parciales que mantengan nuestro ánimo y hagan que la resistencia tenga sentido. Si buscáramos soluciones totales y definitivas, la probabilidad de una decepción estaría garantizada. Y en situaciones conflictivas la decepción no favorece para encontrar una buena salida. Por eso es mejor empezar por conquistar terrenos que están a nuestro alcance, consciente de que cada conquista es un paso hacia adelante.

Si no tenemos nuestra vida centrada en principios sólidos y flexibles estamos condenados a la quiebra. Esta es una constante amenaza que, incluso acecha a los más intrépidos. De ahí que la necesidad de adelantarse a los acontecimientos para no decaer antes de iniciar el camino. Probablemente habrá que contar siempre con el inevitable fracaso que puede deslumbrar todo y condenarnos al eterno derrumbamiento. En estas circunstancias, la claridad de los principios fundantes amortigua el golpe y las probabilidades del fracaso se reducen al mínimo. Por eso es muy importante que tengamos muy claro cuál es nuestra opción fundamental.

Partimos de un hecho muy sencillo: por una parte, la vida es multicolor y por otra parte el fracaso y el éxito son dos caras de una misma moneda, compañeros inseparables en la pista de la resistencia. El problema es que nos encontramos muy temprano ante la necesidad de tener que elegir una de las caras y luchar para que nuestra elección sea el tono de nuestra vida. Tanto en el éxito como en el fracaso, la resistencia representa un papel esencial.

Creemos que cualquier resistencia lleva necesariamente la predisposición de no dar por perdida ninguna batalla. Ésta es la sabiduría de quienes toman en serio su propia vida y no conceden oportunidad a los intrusos, ni siquiera a los falsamente parásitos. Tal vez la experiencia vivida o contemplada nos recuerde, muy a menudo, que la copa de la vida esconde sonrisas y lágrimas. Conformarnos con una u otra realidad depende de nuestra sensibilidad.

domingo, 7 de febrero de 2016

Vivir es caminar en la fragilidad


Todas las experiencias que vamos acumulando a lo largo de nuestra existencia nos avisan constantemente que vivir es caminar en la fragilidad. Cuando parece que todo va bien, una enfermedad nos amarga la fiesta. Cuando parece que todo está perdido, la suerte nos sorprende con una nueva oportunidad. I.Z.B. suele decir que no debemos dar todo por hecho porque la incertidumbre del futuro suele ser generosa.
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Estamos siempre en situación y en tensión. Caminamos sobre un puente que en cualquier momento puede hundirse bajo nuestros pies. Habrá quienes prefieran pensar en el lado más alegre de la existencia y caminen como si mañana no vayan a morir. Otros tenderán a ver el cielo nublado aunque la realidad diga lo contrario. Unos y otros olvidan que la vida es un camino de fracasos y éxitos, que mientras unos celebran el nacimiento otros empiezan el funeral.

Nacer y morir forman parte de un mismo proyecto que, al final, se podrá valorar a partir del recorrido que media entre ambos. Por eso la trama del porqué de la vida no se resuelve al nacer o al morir sino en el día a día. En este día a día es donde colocamos nuestras reflexiones. Si antes de nacer había algo o si después de morir hay alguien esperándonos son realidades que nos trascienden y que dejamos en manos de la reflexión escatológica.

viernes, 29 de enero de 2016

El ser humano participa en su ser


Los filósofos existencialistas defienden acertadamente que el ser humano es él que siempre decide lo que es. Hablamos, naturalmente, del ser humano que tiene conciencia de sí y que aun no ha entrado en la decadencia mortal. Porque nadie puede obviar que otros deciden nuestro nacimiento; que otros deciden nuestra educación infantil, que incluso otros pueden influir en algunas decisiones juveniles. Pero cuando descubrimos nuestra identidad con la mayoría de edad mental, podemos revisar nuestro camino y diseñarlo de acuerdo con nuestros sueños.

 

Sostener que el ser humano es él que decide su destino quiere decir que la persona no está totalmente condicionada o determinada. En última instancia, la persona se determina a sí misma. Su capacidad creativa hace que no se limite a existir, sino que siempre decida cuál puede ser su existencia. Por omisión o por acción, nos vamos recreando hasta llegar a nuestro último suspiro.

 

En el momento en que alguien se hace responsable de su propia vida, entonces los demás podemos facilitarle todos los medios para que recorra con éxito el camino que se ha propuesto seguir. De nada sirve planear un camino con alguien que no está dispuesto a andar. De nada sirve aconsejar alguien que no aceptar el consejo. De nada sirve corregir a quien no reconoce sus fallos o que piensa que las cosas están bien tal como están. Personalmente creo que los casos perdidos existen y no deben ocupar nuestro tiempo.

 

El mundo está lleno de individuos que se pasan toda la vida evitando tomar decisiones. Su mayor preocupación no es buscar el camino sino más bien encontrar excusas perfectas para justificar por qué no pueden recorrer éste u otro camino que, previamente, pactan con sus allegados. Si no fuera porque la decisión (o la no-decisión) de unos afecta a los demás, nadie se preocuparía por el hecho de que alguien decidiera autodestruirse porque al fin al cabo, es su vida que está en juego. Porque nadie ignora que hay causas perdidas por las que no vale la pena implicarse, a no ser que queramos asfixiarnos.