
Podemos se ha desinflado. Las guerras internas
y el ataque masivo por parte de toda la prensa española han destruido completamente
su capacidad de maniobra política. El personalismo de Pablo Iglesias y la
ausencia de una ideología que no sea circunstancial no han favorecido el
fortalecimiento de Podemos. Podemos es una “marca blanca” para los entregados y va
cambiando de nombres según los territorios. Y España es un país que
sólo siente en términos de derechas y de izquierdas: nada de centro. Podemos ni siquiera
sirve para castigar a una izquierda enamorada del capital, o dar un guantazo
electoral al PP que en base a su mayoría absoluta construyó un país
a su imagen y semejanza. Mariano Rajoy está de suerte porque el único guantazo que
recibirá le vendrá de su alter ego, Albert Rivera, y más que
guantazo será un cachete. Y no le impedirá comerse la ideología de Ciudadanos
hasta arrinconar a su líder que, siendo simpático, es más destructor que
Mariano: no quiere la Cámara territorial porque España es una y libre; no le
gusta la Audiencia Nacional; no le gusta el Tribunal Supremo. Pero como lo dice
con esa sonrisa casi de un adolescente, es el yerno perfecto para una suegra
castradora. Así que tal como está el panorama, Mariano Rajoy es único que
comerá las uvas sin pedir ningún deseo especial porque las cosas le van
francamente bien. La economía española se ha estabilizado, los
trabajadores expulsados del mercado laboral han asumido su realidad de
fracasados y salen a la calle solamente para ir a buscar comida en Caritas:
¿protestar? Que
protesten quienes tengan contratos indefinidos. Además hay
voluntarios que se encargan de recoger comidas en centros comerciales y los
distribuyen con tanta entrega que se te quitan las ganas de trabajar. Un país con cinco
millones de parados sería un país en pie de guerra, haya o no haya la “ley
mordaza”.