domingo, 8 de febrero de 2009

Eutanasia o suicidio


Hace un par de semanas estuve dialogando con dos compañeras de trabajo acerca del suicidio. L y P sostenían que el suicidio es un acto de cobardía porque siempre hay razones para vivir. Yo sostenía que cuando uno decide suicidarse conscientemente es porque se siente extraño y extranjero en este mundo, reconoce la inutilidad de la costumbre de vivir y la valentía de morir.

De nuestra conversación quedó claro que aunque L y P están en contra del suicidio, son muy benévolas con la eutanasia. Tienen lo que podríamos llamar una postura pasiva: no están en contra de la eutanasia, pero tampoco son sus defensoras. Creen que hay que ser comprensivo con quienes deciden poner fin a una vida que carece de un mínimo de calidad. Yo estoy de acuerdo con ellas. Pero hay preguntas que no están contestadas: ¿Quién tiene la autoridad moral para decir que tal vida o tal otra no merece ser vivida porque carece de calidad? ¿El enfermo, su familia, los médicos, la autoridad religiosa, los políticos, los moralistas o el sentido común?

En Italia, son los familiares de Eluana quienes han solicitado que los médicos desconecten la máquina que le estaba alimentando, basándose, al parecer, en un testamento de la misma Eluana. El gobierno de Berlusconi y la jerarquía católica se han opuesto a esta eutanasia. La opinión pública italiana está dividida entre quienes apoyan la decisión de la familia de Luana de que una vida sin calidad no es vida, y quienes defienden que la fuente de la vida es Dios y ningún humano tiene poder para darla o quitarla. Incluso Berlusconi, con su humor peculiar, sostiene que aunque Eluana está en coma podría concebir y dar luz a un hijo. La gravedad del asunto me impide hacerme preguntas sobre la sugerencia de el Cavaliere.

En grosso modo, lo que más me interesa del asunto es el sentido de la vida, es decir, cuándo juzgamos que tal vida merece la pena de ser vivida y tal otra merece ser rechazada. Decía Albert Camus que lo que llamamos una razón de vivir es al mismo tiempo una excelente razón de morir. Supongamos que la razón de vivir de Felipe es ver crecer sanamente a su hijo Juan. En el momento en que Juan se hace mayor (ya no digamos si se muere), su padre Felipe ya no pinta nada. Puede irse en paz, como el justo y anciano Simeón cuando recibió en sus manos al niño Jesús. L y P pedirían a Felipe que busque otros motivos para vivir. Sin defender la pasión de morir voluntariamente, yo sería bastante permisivo en el asunto. Evitaría ser como Schopenhauer que hacía el elogio del suicidio ante una mesa bien provista. No es bueno hacer bromas con la tragedia, a no ser que seamos Berlusconi que no ve nada malo en que una mujer en coma se quede embarazada, por supuesto, mediante métodos naturales.

2 comentarios:

Erika dijo...

Joder!!! Qué cachondo el Berlusconi...

Leyendo tu entrada se me vienen a la mente aquellas palabras que Tolkien puso en boca de Gandalf:

"Muchos de los que viven merecen morir y algunos de los que mueren merecen la vida ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispersar la muerte; pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos."


Sobra decir que cada uno es dueño de su propia vida y puede hacer con ella lo que le plazca, pero en el caso de Eluana, si está en coma y no puede decidir por si misma ¿hasta que punto tienen derecho sus familiares a opinar por ella?
En este punto habría que entrar en otra discusión ya que, con los avances de la medicina, ¿es ético mantener de forma totalmente artificial una vida, que la naturaleza ha dado por finalizada? pero, en fin, esto es ya otra historia...

Volviendo al tema, para mi, el suicidio y la eutanasia son la misma cosa, ya que un suicida no se quitaría la vida si para él, su vida tuviera una calidad y una razón de ser.


Dale recuerdos a tu compañera de trabajo L.

Anónimo dijo...

Hola Erika. Un abrazo.