
2.-Hay quienes piensan que la señora Braeckman es la “animadora innata” de la política del presidente rwandés, Paul Kagame, y que ella nunca distingue entre hutus y genocidas. Me parece que sería terrible esta confusión. Condenar toda una etnia a cargar con la culpa de algunos de sus miembros sería una irresponsabilidad, lo diga quien lo diga. De hecho cuando el presidente Kagame presionó a los líderes hutus para que expiaran la culpa de sus miembros públicamente, el ex primer ministro con Kagame, Faustin Twagiramungu, se negó a pedir perdón por los actos que no hubieran cometido. A no ser que queramos prostituir el derecho, la responsabilidad penal es exclusivamente personal.
3.-En los escritos de Braeckman se refleja un entusiasmo hacía Kagame y sus militares, y una nula atención a quienes no hablan el mismo lenguaje que Kagame. Sostiene que los ex presidentes rwandés y burundés (Juvénal Habyarimana y Cyprien Ntaryamira) fueron asesinados por el entorno de Habyarimana con el objetivo de llevar a cabo el genocidio de los tutsi. Sin embargo esta hipótesis ha sido refutada por el juez francés (Jean-Louis Bruguière) y el juez español (Fernando Andreu Merelles) en sus investigaciones penales.
4.-Todas las hipótesis sobre el origen del mal rwandés siguen abiertas. He leído muchos escritos, tanto de rwandeses como de extranjeros. Y francamente no llego a ninguna conclusión inamovible. Y no entiendo cómo la señora Braeckman pretende que nos traguemos todo lo que escribe sobre las hazañas del presidente rwandes, sobre todo porque ella es más papista que el papa. Es incomprensible una visión cerrada sobre un acontecimiento que no lleva ni siquiera 20 años de historia. Veo normal que los rwandeses no tengan una misma visión sobre su reciente historia. Sería un milagro que vencidos y vencedores tuvieran una única mirada sobre su historia. Es normal que los investigadores sigan corrigiendo sus tesis. Incluso algunos han tenido que redactar nuevos libros para rectificar los anteriores.
5.-Animo, a quienes puedan, a mandar un mensaje de solidaridad a Colette Braeckman si ha sentido que su persona estaba en peligro por sus afirmaciones. Pero hay que recordarle que la consistencia de una hipótesis no implica necesariamente la infalibilidad. Si uno escribe sobre un tema tan complejo como las matanzas de rwandeses (1990-1994) no puede pretender una visión dogmática, y mucho menos molestarse cuando alguien contradice sus hipótesis. ¿O es que la señora Braeckman no piensa que sus opiniones pueden condenar a muchos hutus inocentes a llevar un estigma de genocida?