domingo, 13 de enero de 2019

KUNYWANA O COMUNIÓN DE SANGRE EN LA CULTURA BANTU


KUNYWANA O COMUNIÓN DE SANGRE EN LA CULTURA BANTU (estudio)

 

 

0. BIBLIOGRAFÍA


 

BIGIRUMWAMI Alexis, Imihango y’imigenzo niy’imizirilizo mu Rwanda (cérémonies relatives aux usages et aux interdits au Rwanada)I-II (Nyundo, 1964 y 1968); BOURGEOIS, R., “Le pacte de sang au Bushi (Echihango ou okunywana)” en Bulletin des Juridictions Indigènes, núm. XXVII 2 (Elisabethville 1959) 33-36; DANET Henriette-MESSI METOGO Eloi, “Le devenir de la théologie catholique en Afrique francophone depuis Vatican II” en la revista Annales de l’École théologique Saint-Cyprien, núm. 4 (1999) 109-143; KAGAME Alexis, Les organisations socio-familiales de l’ancien Rwanda (Bruxelles 1954); MULAGO Vicente, “Le pacte du sang et la communion alimentaire, pierres d’attente de la communion eucharistique” en AA.VV., Les prêtres noires s’interrogent (Les Éditions du Cerf, 2º ed., Paris 1967) 171-187; MULAGO Vicente, Simbolismo religioso africano (BAC, núm. 407, Madrid 1979) 69-80.

 

1. Origen

En el siglo XVIII encontramos un poema de Nyabiguma titulado Umwami azira kubeshya (el rey no debe traicionar), dedicado al rey Cyilima II de Rwanda, que resume la doctrina sobre "kunywana" (pacto o comunión de sangre) en Ruanda. Nyabiguma pretende aleccionar al rey Kimenyi por haber actuado contra el pacto de sangre, un pacto de sangre que aparece como una institución social en Ruanda. Es de suponer que ya formaba parte de las relaciones sociofamiliares en Ruanda desde mucho tiempo. De hecho, rwandeses, burundeses y bashi consideran esta institución como autóctona. Ya existía mucho antes de que llegaran los traficantes árabes. Aunque con la evangelización cristiana entró en crisis, permanece aún en la zona de Los Grandes Lagos.

 

2. Vocablo kunywana

Kunywana, en kinyarwanda, la lengua de Rwanda, que se traduciría al castellano con el verbo “con-beber” o beber uno del otro, significa consumación del pacto de sangre, alianza de sangre o comunión de sangre. Se trata de una institución a través de la cual dos personas de familias o clanes distintos intercambian la sangre y de esta forma  sellan una hermandad o fraternidad y pasan a ser hermanas de sangre.

 

3. Contratantes

Kunywana se practica, no solamente entre los vivos, sino también entre vivos y muertos (espíritus). Puede llevarse a cabo entre dos varones de distintas familias o clanes, entre dos jefes de provincias, o entre un individuo y el gran jefe de los espíritus, Lyangombe. A fecha de hoy no consta que se realizara entre mujeres.

 

4. Proceso del rito de comunión de sangre[1]

En el día y lugar convenidos, los dos contratantes, acompañados de sus testigos, toman asiento sobre una estera (ikirago). El que dirige la ceremonia realiza una pequeña incisión en el pecho de cada uno (al lado del corazón o sobre el lado derecho del estómago). La sangre es recogida sobre una hoja de una planta “eritrina” (umuko). Normalmente se mete la hoja en la boca y se traga la gota de sangre (rwandeses-burundeses). También se puede meter la hoja entera en una cantidad de leche y tomarla íntegramente (hamitas). O también se puede meter la hoja en un recipiente de cerveza de plátanos y beber toda la cantidad (Bashi). Lo más importante es que los dos amigos beban simultáneamente la sangre, uno del otro.

 

Durante este rito, uno de los testigos describe los deberes que surgen de este rito y los castigos  de que se hará merecedor el que se atreva a cometer una infidelidad. Después vienen las promesas recíprocas. Los dos contratantes se acuestan juntos sobre una estera y se dicen: “el día en que nosotros nos encontremos juntos no teniendo sino una sola estera, dormiremos sobre esta única estera nosotros dos”.

 

Las promesas concluyen con un abrazo entre los dos amigos. El pacto de sangre se culmina con la donación de una vaca por parte de uno de los contrayentes a su hermano de sangre. Normalmente, el beneficiado regala, a su vez, un toro o algunas cabras.

 

5. Sentido de este rito

Kunywana simboliza la fraternidad, la entrega mutua. Es la mejor garantía de paz y de mutua comprensión; es una donación gratuita, una manera de entrar en la familia del otro como la que nace de la sangre paterna.

 

La comunión de sangre no es un símbolo de algo que yo doy a mi amigo, sino que es una parte de mí mismo, una parte de mi principio vital que yo le ofrezco[2]. En definitiva, kunywana es el don por excelencia, ya que se trata del don de sí mismo, fusión al otro, entrega y recepción en la familia de su amigo. Ciertamente no es idéntica a la unión natural que es más perfecta, pero la imita y se esfuerza en meter al amigo en la corriente vital que une a los miembros de una familia, infundiéndole el principio de donde parte todo parentesco, toda fraternidad: la sangre[3].

 

7. Consecuencias de Kunywana

En general podemos decir que de Kunywana surge una mutua donación en fidelidad permanente. No se permite rehusar algo a su hermano de pacto. Quien atenta contra los lazos que nacen de kunywana se hace merecedor de una maldición, en caso no grave, de un castigo.

 

Con este pacto surge una comunión de bienes y de intereses. Los dos amigos no se comprometen solamente ellos mismos, sino también todas sus familias: esposas, hijos, padres, etc. El hermano de sangre es considerado como alter ego de su amigo. Las dos familias a las cuales pertenecen los contratantes quedan ligadas para siempre.

 

8. Fidelidad al lazo

El compromiso que nace del kunywana es inviolable e irrevocable. Ni siquiera el rey que era omnipotente en su reino podía anularlo. El lazo que se adquiere es, en sí mismo, perpetuo y se transmite de padres a hijos, a menos que haya desaparecido con todas las obligaciones consecuentes.

 

La violación de esta alianza conlleva sanciones “inmanentes” y automáticas: lepra, pérdida de todos los bienes, muerte sin descendencia, etc. No obstante, aunque el pacto de sangre liga a toda la familia, la infidelidad cae sólo sobre la persona que se hace culpable[4].

 

9. Kunywana y la consagración religiosa

Kunywana es uno de los elementos que podría tensar la fidelidad religiosa en África. En este sentido, sería un rito que vendría a añadirse al rito de la profesión religiosa, tal vez inmediatamente después de la lectura de la fórmula de profesión y antes de la firma.

 

También podría realizarse en el mismo momento de la comunión, como se ha hecho durante un tiempo en la República Democrática del Congo. En efecto, en la liturgia de la consagración de las vírgenes, las congoleñas introducen el pacto de sangre para fortalecer su compromiso desde lo que en su imaginario es inteligible: la comunión de sangre. Es un rito bastante sencillo: la futura religiosa pone una gota de su sangre sobre la hostia sagrada o en el cáliz y comulga, no antes de haber pronunciado una fórmula conveniente, con insistencia en la maldición en caso de infidelidad[5].

 

En otros sitios, al terminar la monición, la candidata se pincha la punta de un dedo para obtener una gota de sangre que será recogida en un paño blanco. Este paño será colocado junto a la piedra sagrada del altar, donde permanecerá definitivamente como símbolo de la ofrenda cotidiana de su vida al servicio de la gloria de Dios y de los hombres. En el momento de la comunión culmina el pacto de amistad entre la religiosa y Cristo[6].

 

10. Kunywana y la celebración eucarística

Antes de una breve reflexión, veamos algunos ejemplos que ilustran lo que estamos describiendo. A principio de los años 1990, un obispo camerunés tuvo que escribir una carta pastoral para interdecir un rito que consistía en lo siguiente: algunos sacerdotes ponían la sangre del macho cabrío en una jofaina llena de agua, metían la cruz y rociaban con esa mezcla a los fieles en forma de bendición-purificación. Después celebraban la eucaristía. Pero no quedaba prácticamente ningún feligrés, pues se juzgaba suficiente el rito anterior. En otros casos, el sacerdote mezclaba la sangre del macho cabrío con el vino en el cáliz antes de la consagración[7].

 

Para los cristianos, el sacramento de la eucaristía establece entre Cristo y el fiel una mutua inmanencia. Jesús mismo dice: “el que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él” (Jn 6,56). Por eso cuando uno comulga del cáliz y de la patena durante el sacrifico eucarístico, se establece entre Cristo y el discípulo un intercambio de vida.

 

El que comulga permanece en la plenitud de Cristo, recibe de la fuente de su vida[8]: “el que me come a mí, también él vivirá gracias a mí” (Jn 6, 57). Cuando uno comulga, para él “la vida es Cristo” (Flp 1,21); si el vive, no es él, sino Cristo quien vive en él (Gal 2,20). En este sentido podemos decir que participando en su cuerpo y sangre, entramos en relación de familia con Cristo: somos consanguíneos de Cristo. De la unión al cuerpo de Cristo, principio de unidad, sigue la unión de los fieles entre ellos en la unidad del pan eucarístico, que no puede ser sino Cristo en persona presente bajo el elemento material[9]. De una parte y de otra, aunque en dos órdenes diferentes y sobre planos diversos, hay “participación-comunión en la existencia en la vida, permitiendo y realizando un intercambio, un correr de vida que va del uno al otro”[10].

 

El parentesco entre dos individuos exige el de las dos familias a las cuales ellos pertenecen. Participar es entrar en comunión con todos aquellos en quienes se encuentra este principio vital, transmitido por el antepasado del fundador. Éste es la prefigura del segundo efecto de la comunión eucarística: la concorporación de todos los que comulgan[11].

 

La infidelidad al pacto de sangre es causa de castigos que no toca sino a los solos culpables. “El que coma el pan o beba el vaso del Señor indignamente, será reo de un pecado contra el cuerpo y la sangre del Señor”, bebe y come su propia condena (1Cor 11,27-30).

El pensamiento de nuestro muntu llevaría al pensamiento de un pacto de sangre que Cristo quisiera realizar con sus fieles, pacto de sangre que hubiera podido ser real o simplemente simbólico[12]. La sangre se concibe como fuente del principio vital del ser humano. La sangre eucarística contiene verdadera, real y sustancialmente a Cristo, el Hijo del Padre eterno e Hijo de María[13]. En la ceremonia del kunywana (con-beber), los dos amigos se fusionan, ponen sus existencias en común. Éste es el primer punto de apoyo del primer efecto de la comunión eucarística: concorporales, consanguíneos de Cristo[14].

 

 

Elie Mamayu

Madrid. Julio 2002.




[1] MULAGO (1967) 173.
[2] MULAGO (1979) 73.
[3] MULAGO (1979) 72.
[4] KAGAME (1954) 216.
[5] DANET-MESSI METOGO, 134.
[6] KABASELE LUMBALA, F., “Celebrar a Jesucristo en África” en GIBELLINI, G. (ed.) Itinerarios de la teología africana (Verbo divino, Estella 2001) 117-139, p. 133.
[7] DANET-MESSI METOGO, 135.
[8] MULAGO (1979) 75.
[9] MULAGO (1979) 76.
[10] MULAGO (1979) 76.
[11] MULAGO (1979) 78.
[12] MULAGO (1979) 79.
[13] MULAGO (1979) 78.
[14] MULAGO (1979) 78.

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