“Yo soy socialista si me dais un
cargo. Y sime quitáis el cargo, dejo de
ser socialista y me borro del PSOE”. Pareciera que algunos se afilian al partido con la
condición de acceder a un cargo, no porque sientan la ideología de
dicho partido. Deplorable. Por eso cuando pierden, se cogen un berrinche y se
piran, no con discreción, sino echando espumas por la boca. ¿Y qué pasa con
los militantes de base, que pagan gustosamente su cuota y no esperan nada más
que la defensa pública de sus ideas prácticas? ¿Qué pasa cuando uno
se convierte en “el facha” o en “el rojo” de la familia, pero sigue militando
sin esperar cargo ni enchufe? Si todo el militante que se cabrea por no conseguir
beneficios propios se pirara, sólo los diputados y senadores se fotografiarían
con sus carnés de militancia. Amor al partido implica sacrificio, silencio
público cuando se discrepa, humildad cuando se accede al cargo electo y
abandono del partido cuando ya no se siente entusiasmo por la forma de defender
sus ideas. Todo desde el compañerismo, procurando lavar los trapos sucios en
intimidad.
Mucha gente tiene la sensación de
que están aumentando casos de discriminación por razones raciales y de
religión. Ciertamente, la crisis económica aumenta los casos de discriminación
hacia el extranjero porque las “mentes lúcidas” tienden a culpabilizar al
extraño: “nos quitan el trabajo”, “pervierten nuestras culturas”, “son
terroristas”. Rara vez nos acordamos de aquellos inmigrantes que limpian el
trasero a nuestros mayores o recogen la mierda que vamos dejando por todos los
sitios. Ignacio
González pidió a los suyos expulsar a los inmigrantes que no quieran
aceptar nuestros principios. Y yo le compro el argumento: los principios de
trincar todo lo que se pueda; entregar el dinero de los ciudadanos a cajas y
bancos saqueados por los amiguitos; aparcar el coche donde te salga de los
huevos y salir huyendo de la policía; privatizar la sanidad y la educación; desahuciar
a los pobres y presentarse como su salvador. O cobrar 65.000 euros a la semana por estar
tocándose el chichi en el sofá de Gran Hermano VIP. Si son principios de Ignacio González, pues
oye: antes de que te expulsen de España, practícalos. Pero acabarás en el
trullo, por muy español que seas. Si aparcas mal tu coche en la Gran Vía de
Madrid, te marchas sin hacer caso a los policías, derribas uno de sus motos,…
estoy seguro de que esa noche no duermes en tu casa. Sólo Esperanza Aguirre y
los suyos pueden actuar así sin que nadie se atreva ni siquiera a multarlos
porque tienen principios.