
Los latinoamericanos saben que el “hobby” de los demócratas consiste en jugar en su cuarto de atrás (América Latina), desestabilizar las instituciones latinoamericanos con el objetivo de asegurarse de su supremacía económica. Cuando Lula llegó al poder, muchos temieron la intervención sangrienta de USA. No fue así porque estaban ocupados en Afganistán, Irak, Irán y Corea del Norte. Así se organizaron elecciones democráticas en varios países latinoamericanos sin derramamiento de sangre. Dirigentes “socialistas” como Chávez y Morales consolidaron su poder sin el temor de la intervención del republicano Bush, a pesar de que no faltaron provocaciones verbales, sobre todo por parte del venezolano. La conclusión es medianamente clara: los republicanos se interesan por el petróleo y el mundo musulmán-asiático; los demócratas prefieren garantizar la sumisión de sus vecinos latinoamericanos y la aniquilación de los buenos políticos africanos como Thomas Sankara o Melchior Ndadaye.
Cuando uno se pregunta porqué las administraciones norteamericanas hacen daño a la humanidad y no encuentra respuestas: ¿ignorancia? ¿mala fe? ¿maldad? Ganas de incordiar? Cuando Brasil intenta mediar entre Occidente e Iran, la autonombrada “policía internacional” monta en cólera y fuerza sanciones inmediatas a Iran en el seno de la ONU (una organización que no ha solucionado ningún conflicto internacional pero que sigue gastando el dinero de los contribuyentes). USA sigue pensando que la solución de los problemas planetarios tienen que pasar por sus despachos. Pero su fracaso en Irak, en Afganistán, en Corea del Norte, en Oriente Medio, en Sudán o en Congo clama al cielo.
Hace varios decenios el cantante africano, Alpha Blondy, instó en sus letras a los franceses a marcharse del continente africano porque no hacían nada más que destrozarlo y ya no se necesitaba de su vigilancia para garantizar la democracia (Armée française, allez-vous de chez nous, nous ne voulons plus l’indépendance sous votre surveillance). Siempre ocurre lo mismo con los salvadores. Se refugian en las buenas intenciones para llevar a cabo políticas abominables.